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    El arte ecológico de Alirio Palacios vuelve a Caracas con “Olivos”. en las salas de la Galería de Arte Ascaso de Las Mercedes, a partir de este domingo 12 de junio de 2011.

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    Olivo de Alirio PalaciosIncreíble! Es la primera exclamación que realiza el espectador al ver el jardín de la memoria que recreó Alirio Palacios (, 1938) dentro de la Galería Arte Ascaso, en Las Mercedes. Tanta majestuosidad deslumbra. Ya no son solamente sus caballos persas o mongoles; ahora se le unen siete árboles de olivo de más de tres metros de altura, forjados en hierro, que se imponen en todo el sentido de la palabra en las salas de la galería, que a partir de este domingo exhibirá Olivos Hierro.

    Dentro de ese jardín de hierro reposan los caballos de Alirio. Él los contempla desde lejos. Sus grandes ojos negros se mueven intranquilos. “Ya estoy pensando en los próximos árboles. ¡Porque vienen más!”, dice con picardía y se ríe. A sus 73 años, el pintor y escultor, maestro del grabado, y Premio Nacional de Artes Plásticas 1978, piensa en crear. Para eso ha vivido… y quiere morir creando.

    “Me gustan mucho los árboles. Me gusta verlos. Me gustan sus formas. Hace tres años comencé a hacerlos. Pudo haber sido un Samán o una Ceiba. Pero el Olivo tiene una historia muy bella, hasta bíblica. Se decía que Jesús se sentaba a meditar debajo de un árbol de olivo. ¡Tiene un misterio y una energía diferente! Dura más de 600 años. Es un árbol que a mí siempre me ha apasionado. Por eso me gustó usarlo como tema de mi trabajo. Comencé a hacer el árbol en hierro, hoja por hoja; tallo por tallo. Hasta frutos le coloqué. Decidí tener paciencia. Era un reto, pero lo afronté y me dio pasión”, dice de los árboles que nacieron por los recuerdos que se alojaron en su memoria luego de un viaje realizado a la ciudad de Fez, en Marruecos.

    caballo-metal Alirio Palacios

    Caballo de Alirio Palacios

    Él decidió vivir a través de la pasión. Con su caminar pausado y su serenidad al hablar, Alirio Palacios convirtió esa pasión en poesía, cobijando a los caballos que Eugenio Montejo llamó como “uno de los símbolos recurrentes de su alfabeto plástico”.

    “Son dos símbolos fuertes: un caballo bajo un olivo descansando es algo poético. Es muy bello, es poesía, es un hecho hermoso. Es una filosofía que fue trabajada bajo la pasión. Meterme en ese problema me ha dado energía. Cuando terminaba un árbol decía: ‘Vamos a comenzar el otro’. Luego pensé en los caballos bajo la sombra del olivo. Caballos que ya había hecho antes. La imagen de tener a mis guerreros persas descansando bajo un olivo me gustó”, comenta.

    Árboles de tres metros no fueron suficientes para Palacios. Además, creó unos floreros para incluir los frutos de los olivos. Floreros de uno y dos metros hechos por su manos con material de reciclaje. Basura, dice, que fue convertida en oro, como lo hacia el Rey Midas.

    “Los creé para darles cariño a los árboles. Hice unos floreros para que los árboles no se sintieran tan solo y secos. Fueron creados con la idea de un alquimista, con objetos recogidos de la basura, desechos, piezas oxidadas. Los recuperé, los raspé y les puse oro y peltre. Recuperé eso que estaba botado para convertirlo en oro, como los alquimistas. Se trata de un homenaje que le otorga color a los árboles. Es un tema nuevo e interesante, otro formato. Con eso la gente descubre nuevas cosas en mí”, afirma con gran modestia Palacios.

    Él, asegura, trabaja todos los días. Es su oficio. Vive para eso… y es evidente. En el taller dibuja, pinta, hace esculturas… respira. “Si yo no trabajo me muero”, dice sin titubeos. “Cuando no trabajo me siento mal. El trabajo es la base fundamental de un artista. Si no estoy frente a mi obra, creando, yo no existo. Este trabajo me da proceso, me da desarrollo, me da vida. Es importante el trabajo como oficio. Matisse decía que un artista que no tiene oficio no llega ni siquiera a ser un artesano. Hay que trabajar para producir la obra. Deben entender que la creación es la vida, es el esfuerzo”.

    Alirio Palacios sigue mirando su jardín de hierro. Lo mira y sabe que esa imponente muestra debería estar en la sala de un museo venezolano y no dentro de una galería. “Claro, debería. Esta es una exposición para estar dentro de un museo y no en una galería”, dice con firmeza.

    Pero él va más allá. Visualiza sus árboles, caballos y floreros dentro de un centro comercial. Alirio Palacios quiere que su obra sea vista por todas las personas; que la misma sorpresa que se genera al entrar a la galería Arte Ascaso se genere dentro del público que es menos asiduo a los centros de arte venezolano.

    “Pudiese ser en El Sambil para que la gente que esté paseando vea y compare los caballos con los árboles. Una instalación pública sería excelente. Yo quiero hacerlo. Así como acuden a ver el trabajo de Leonardo da Vinci a un centro comercial, me gustaría que vieran mis obras. Le agregaría más árboles y caballos. ¿Chávez quiere arte público, no?”, remata. FUENTE: el-universal.com

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